sábado, 2 de enero de 2010

La gran innovación de la ultraortodoxia










Izando la bandera del arraigo inflexible a la tradición, repitiendo el lema del Jatam Sofer según el cual “lo nuevo está prohibido por la Torá”, el mundo ultraortodoxo judío ha incentivado irónicamente cambios drásticos en la sociedad judía. En su sincero anhelo por conservar los valores de la sociedad tradicional y enfrentados a un mundo moderno que los aterra, quedarse estáticos no es una opción. El mundo ortodoxo, como todas las corrientes del judaísmo de nuestros días, también es el resultado de la sociedad moderna. En este proceso, la ieshivá ha ocupado un papel central y ha sufrido drásticas transformaciones en los últimos siglos.
El estudio de nuestras fuentes ha sido durante miles de años un valor central en nuestro pueblo. El sabio e intelectual ha gozado tradicionalmente del respeto y la admiración del pueblo. La importancia adjudicada a la educación general puede observarse, entre otras, en el alto índice de alfabetismo en todas las épocas, en contraste con la baja tasa dentro la sociedad circundante. Pero en toda nuestra historia, un pequeño grupo es el que se ha dedicado al estudio avanzado de nuestras fuentes. Además, en muchos de estos casos, el estudio no constituyó la fuente de sustento de los intelectuales. ¿Cómo, pues, se convirtieron los estudios de ieshivá en la actividad única de grandes masas, fenómeno hoy difundido en el mundo judío ultraortodoxo?
La Edad Moderna, principalmente a partir del siglo XVIII, trajo consigo varios procesos y sucesos que generaron profundos cambios en la sociedad judía en general y en la estructura, función, contenidos y alumnados de las ieshivot en particular. A continuación mencionaremos algunos de los más destacados:

Jasidim y mitnagdim
Uno de los elementos que caracterizó al movimiento jasídico en sus comienzos fue la crítica al mundo de las ieshivot. El mundo jasídico hacía un llamado a una relación más íntima, mística, emotiva y popular con Dios. No era, según su ideología, el estudio intelectual, los logros racionalistas del análisis talmúdico, lo que permite al hombre conectarse con su Creador sino, por el contrario, la devoción al alcance de cualquier individuo ferviente, aunque no haya gozado de una rica formación académica.
Los comienzos de las ieshivot lituanas (o de los mitnagdim), que son el modelo de la ieshivá ultraortodoxa que conocemos en nuestros días, fueron en gran medida una reacción a esta crítica del mundo jasídico. Por un lado, reafirmaron, e incluso incrementaron, la importancia y la centralidad otorgada a la ieshivá y al estudio racional talmudico, como el centro neurálgico de la existencia judía. Por el otro lado, podría decirse que en cierta medida coincidieron con el mundo jasídico en cuanto a la necesidad de implementar cambios en el modelo de la ieshivá.
La primera ieshivá de este nuevo tipo fue la ieshivá de Volozin (1802) fundada por el rabino Jaim de Volozin. La ieshivá desconectó todo contacto administrativo con la comunidad para pasar a ser un cuerpo totalmente independiente, financiado por donaciones. A diferencia de las ieshivot medievales, esta era una gran ieshivá, mucho más grande en número y la cual atraía a alumnos locales y de muchas otras regiones. Poco tiempo después, el rabino Israel Salanter (1810-1883), fundador del movimiento de Musar, introdujo también un cambio en la concepción y el contenido de los estudios en la ieshivá, poniendo un énfasis particular en las responsabilidades éticas de los estudiantes.
El mismo movimiento jasídico que en un principio criticó el mundo de la ieshivá, unos años después, tras la llegada y expansión de los movimientos liberales en Europa Oriental, comenzó a crear sus propias ieshivot a partir de 1880. En la actualidad, la ieshivá es en todos los grupos jasídicos, un ente neurálgico.

La Shoá y el surgimiento del Estado de Israel
Además de la gran importancia que se adjudicaba al funcionamiento de las ieshivot desde antaño, en el último siglo dos sucesos han tenido un profundo impacto en las políticas institucionales hacia los marcos de la ieshivá. Por un lado, la gran tragedia de la Shoá significó un golpe sin precedentes al mundo de la ieshivá. El mundo que florecía en vísperas del exterminio nazi, fue arrasado, incluidas grandes instituciones y un número muy significativo de sus miembros. Los líderes religiosos, sobresaliendo entre ellos el rabino Abraham Ieshaiahu Karlitz, más conocido como el Jazón Ish, ante el panorama de destrucción, invirtieron todos los esfuerzos y crearon la plataforma ideológica para aumentar intensamente la cantidad de personas que llegaban y se dedicaban a los estudios en la ieshivá y así afrontar la gran pérdida espiritual sufrida tras la Shoá.
En Israel, como parte de estos esfuerzos se firmó un acuerdo conocido como el “Statu Quo”: con la creación del Estado de Israel, David Ben Gurión llegó a un acuerdo con los líderes ultraortodoxosos, siendo el Jazón Ish su representante, según el cual 400 bajurei ieshivá (estudiantes de ieshivá) serían eximidos del servicio militar, siempre y cuando se dedicaran completa y exclusivamente a sus estudios. En el año 1968 Moshé Dayán, entonces ministro de Defensa, limitó el número a 800 bajurei iehsivá. Pero la verdadera revolución ocurrió a finales de los años '70, cuando en 1977 el Likud hizo por primera vez coalición con un partido ultraortodoxo y como parte de los acuerdos entre los partidos se decidió erradicar todo límite.

El fenómeno en números
Tal como ya mencionamos, el mundo de la ieshivá estaba en una de sus mejores épocas en vísperas de la Shoá. ¿Cómo traducir esto en números?
L. Deutschlander publica un interesante dato en su libro “Mifal Hajinuj”, según el cual en el año 1929 habían 14.100 (números redondos) estudiantes de ieshivá en el mundo: 4.600 en Lituania, 3.500 en Polonia, 3.000 en Checoeslovaquia y Hungría, 1.500 en Rumania y 1.500 en la tierra de Israel.
Según Levi Guinzburg, en vísperas de la Shoá en Polonia y Lituania había cinco bajurei ieshivá (alumnos) por cada 1.000 judíos (Gemoran, Shinui tfisa, pág. 125).
Estos datos, tomando en cuenta que en vísperas de la Shoá se estima que habían alrededor de 16 millones de judíos, demuestran de modo muy claro que el ideal consistía en contar con un sólido y estable grupo que se dedicará a los estudios en la ieshivá, pero de ninguna manera se esperaba que dichos estudios fueran la profesión y la única ocupación de todos los individuos judíos.
Incluso en tiempos del Jazón Ish, pionero de esta tendencia, como hemos mencionado el fenómeno era incomparable a lo que sucede hoy en día. Los 400 bajueri ieshivá que fueron incluidos en el acuerdo en 1948 constituían un 0,06% de la entonces población judía de 600.000 personas. En el año 2005 el acuerdo cobijaba ya a 41.450, número que por el crecimiento natural va en clara ascendencia. A esto cabe añadir que el número de personas que se dedican de pleno al estudio talmúdico es muy superior: en el acuerdo hace referencia sólo a los hombre entre los 18 y 54 años. Es decir que este número no incluye a todos los alumnos en edad escolar, ni a aquellos mayores de 54 que continúan estudiando. Además los hombres mayores de 31 años que tengan al menos cinco hijos y aquellos mayores de 35 años que tengan al menos cuatro hijos, quedan exentos y por lo tanto no están incluidos en esta cuenta.
En otras palabras, la norma en la sociedad ultraortodoxa israelí consiste en que todo varón siga este camino y se dedique tiempo completo a sus estudios. ¿Cómo se sustentan sus numerosas familias? Un pequeño sueldo que reciben de las instituciones donde estudian, el trabajo de sus mujeres y la ayuda de organizaciones de beneficencia. Inevitablemente, esta nueva sociedad ha desarrollado una concepción definitivamente ajena a los valores judíos tradicionales: que el estudio de la Torá y el trabajo productivo son dos contrarios.

Otras ieshivot
Más allá de este fenómeno en el contexto de la sociedad ultraortodoxa, vale la pena aprovechar este espacio para mencionar que en general, la institución de la ieshivá se ha desarrollado y proliferado en todo sentido en el último siglo. En la actualidad, y siguiendo el modelo que inició S.R. Hirsch en Alemania, muchas ieshivot incluyen estudios generales y otorgan títulos de bachilleratos (ieshivot tijoniot) e incluso universitarios (por ejemplo, la Ieshiva University en Estados Unidos).
Otra gran revolución ha sido la creación de instituciones similares a las ieshivot dirigidas al público femenino (ulpanot y midrashiot). También el público religioso ha creado marcos de estudio especiales para jóvenes que sirven en el Ejército de Israel (mejinot y ieshivot esder).

Cantidad no es calidad
Es prácticamente un hecho: nunca en nuestra historia, la ieshivá ha contado con tantos alumnos tanto en números objetivos como porcentuales. Pero lamentablemente esto no ha traído los resultados esperados, en cuanto a los logros intelectuales. Así lo resume Breuer: “No es un secreto que en cuanto a la grandeza en [los estudios de] la Torá, la cual incluye originalidad, creatividad y agudeza en el pensamiento halajico y filosófico, los logros del estudiante de ieshivá posteriores a la Shoá son muy inferiores a los de aquellos que les precedieron” (Mordejai Breuer. Ohalei Torá, Merkaz Zalman Shazar, Jerusalén 2003, p. 484).
Posiblemente, este esfuerzo que intentaba en un principio ser noble, no ha brindado el escenario necesario para que el potencial de las lumbreras florezca y lo que resulta más cruel tampoco ofrece la posibilidad, a aquellos cuya inclinación natural no es la netamente intelectual, de cuestionarse siquiera de qué otro modo podrían hacer un aporte a la sociedad y realizarse como individuos (y esto sin comenzar a hablar de la muralla de hierro que este fenómeno ha creado dentro de la sociedad israelí).
Podría citarse un sin fin de ejemplos, pero por mencionar sólo algunos nombres, podemos citar al Rambam, quien era médico; Abarvanel, tesorero, y el Jafetz Haim, que tuvo una tienda de víveres.
Existe una clásica y amplia discusión entre los historiadores en cuanto a la periodización de la historia del pueblo judío. ¿Cuándo comienza la Edad Moderna en la historia judía? Algunos historiadores, entre ellos Iosef Kaplan, consideran a la expulsión de los judíos de España en 1492 como el giro tras el cual comienza la modernidad. J. H. Ben Sasón considera que la crisis generada por la decepción por el falso Mesías Shavetai Tzví dio comienzo a la nueva era. Por su parte, Iaacov Katz considera que fue el surgimiento del movimiento jasídico en Occidente y el surgimiento del movimiento de la “Haskalá” en Occidente, lo que marca el comienzo de la Edad Moderna judía

No hay comentarios: