
The Wall Street Journal
El Punto de Inflexión en Irán.
Los seis meses pasados muestran que, el movimiento democrático, está para quedarse. Ahora solo necesita un plan coherente y un liderazgo más estructurado.
Cuando, en junio, millones de pacíficos manifestantes tomaron las calles de las grandes ciudades iraníes, para protestar ante lo que fue asumido, de manera amplia, como una elección robada, en Occidente muchos se preguntaron si el movimiento tenía la voluntad y la visión de auto- sustentarse.
Los apologistas del régimen, tanto en América como en Irán, desestimaron las protestas democráticas como la angustia de una pequeña minoría de yuppies occidentalizados o académicos descontentos. Los clérigos, leales al régimen, usaron el lenguaje incendiario de conflicto entre clases. Desestimaron a la oposición como cómplices del Gran Satán y, una pequeña minoría, compuesta por acaudalados urbanistas, luchó para cambiar, radicalmente, los beneficios de los pobres –mustazaf-.
Durante los pasados seis meses, el régimen asesinó a decenas de manifestantes, arrestó a cientos de activistas y forzó a otros cientos al exilio. Se encuentra un falso consuelo en la creencia que se derrotó lo que se auto-reivindicó como una revolución tramada por América.
Los que protestan en Irán tomaron – durante una supuesta demostración (27 de diciembre)- bastones y chalecos antibalas que, supuestamente, pertenecían a la policía.
Este fin de semana, las sangrientas protestas, durante la festividad de Ashura, desembocaron – por parte de la oposición - en un esquema de persistencia y perseverancia. Ahora hay pocas dudas acerca de los movimientos del poder imperante.

Los países occidentales que tratan con Irán deben reconocer que, el espectro de este movimiento democrático, se cierne sobre toda negociación. Las protestas del domingo deberían, incluso, haber finalizado con las falsas ilusiones de que se puede, una vez más, intimidar a la población y llevarla a la sumisión.
En ciudades grandes y pequeñas, la gente continúa comprometida en grandes y mínimos actos de desobediencia civil. En la ciudad de Rafsangan, los manifestantes liberaron a dos prisioneros que estaban por ser ahorcados por el régimen. Y en Teherán, los que no iban a salir a las calles para desafiar a los basijis y a los policías, sentados en sus motocicletas, que portan armas de fuego, llegaron – por la noche- a las azoteas y gritaron; “Muerte al dictador”!
La diáspora iraní-americana –en gran parte inactiva aunque económicamente exitosa- está comenzando a mostrar signos de avidez por ayudar a los que luchan en el frente de la democracia dentro de Irán. Hay demostraciones de solidaridad en aumento, esfuerzos por presionar a políticos y un agresivo esfuerzo de recaudación de fondos para proveer apoyo a los iraníes que están siendo presionados por el régimen.
Aquellos que, durante tanto tiempo, pidieron perdón implícitamente en nombre del régimen, diciendo que el único problema era que no había alcanzado el suficiente respeto por parte del mundo, en especial por EEUU, deben ahora ver la pobreza de su argumento. Los últimos seis meses mostraron, de manera inequívoca, que el problema con el régimen iraní es el régimen mismo.
Mucho se escribió sobre el hecho que, el movimiento democrático iraní, hoy combina tres características de una revolución aterciopelada: no violenta, no utópica y populista por naturaleza – con las ágiles habilidades organizativas y oportunidades comunicativas logradas a través de la Web. Menos discutido fue ido el significado de la juventud y la naturaleza del desparpajo mostrado en Internet por parte de la población iraní.
El 70 % de los iraníes están por debajo de los 30 años. Y en una población de 75 millones, 22 millones son usuarios de Internet. A pesar del liderazgo nominal de los reformistas (como Medhi Karroubi, Mir Hossein Mousavi y Mohammad Khatami), los líderes reales del movimiento son los miles de grupos y personas que trabajan, de manera autónoma, y cuya estructura se duplica en Internet.
Hasta ahora, esta falta de estructura otorgó al movimiento su poder. Pero el movimiento democrático alcanzó su propia hora del Juicio Final.
Como líder supremo el Ayatolá Ali Khamenei y sus cohortes llegaron más cerca de una crisis por las escisiones dentro del régimen, en las semanas siguientes se profundizaron porque el régimen intensificó su actitud despiadada contra los demócratas y el mundo y, con ansiosos ojos sobre el tema nuclear, vigila con cuidado, la situación doméstica en Irán. El movimiento democrático debe desarrollar un plan de acción más coherente y un liderazgo más disciplinado. Y el mundo, en especial Occidente, debe además dejar que el régimen sepa que no lo respaldará (como lo hace la gente en Irán, brutalizada por el régimen).
Para muchos del mundo exterior, la audacia del régimen, su voluntad de asesinar a los pacíficos manifestantes a plena luz del día y su actitud aventurera en el ámbito nuclear fue escandalosa. Pero, para el pueblo de Irán, que sufrió durante largo tiempo las consecuencias del despotismo político del régimen, su esclerosis ideológica y su incompetencia económica y corrupción, los recientes acontecimientos son sólo insignes manifestaciones de lo que soportaron durante tres décadas. Es la siniestra y lenta lucha diaria de su violencia estructural que ahora llegó a todos los estratos de la sociedad iraní (excepto a aquellos que deben sus fortunas al statu-quo) y pasa a ser un enemigo de facto para el régimen.
De acuerdo a la Transparencia Internacional, Irán hoy es una de las economías más corruptas del mundo. Además tiene la ignominia de encabezar la lista de todos los países en términos de fuga de cerebros. Cada año, entre 150.000 y 180.000 de los mejores y más brillantes dejan el país. El costo anual de solo esa fuga de cerebros es estimado en casi el mismo costo anual de la guerra Irán-Irak, de acuerdo con el Banco Mundial.
Los precios en descenso del petróleo están forzando al régimen a reducir los –casi- $ 100 billones- de subsidios que paga por mantener tranquila a la población descontenta. Las reservas, que acumuló cuando los precios del petróleo eran $ 150 por barril, ya fueron despilfarradas por Ahmadinejad en alocados esquemas como realizar préstamos despreocupadamente para emprender negocios que finalizaron alimentando una burbuja inmobiliaria, más que generando empleos.
Pero esta inevitable reducción de subsidios, con seguridad, reducirá aun más los estándares de vida para los pobres y la clase media. Eso hará nefasto el horizonte para los comandantes del Triunvirato de la Guardia Revolucionaria, Khamenei y Ahmadinejad, que, ahora, gobiernan Irán.
Una población descontenta, políticamente forzada a experimentar un descenso económico inesperado, fue un elemento clave para la receta que derrocó al Shah del Trono de Peacock en 1979. La justicia poética que, de pronto, cambió la fortuna económica del país e, incluso, el mismo uso de costumbres religiosas y rituales para propósitos políticos y que llevó a los clérigos al poder treinta años atrás, ahora regresa para obsesionarlos.
Dr. Milani es Director de Estudios Iraníes en la Universidad de Stanford donde es becario de investigación en el Hoover Institution. Su último libro es “Eminent Persians: The Men and Woman Who Madre Modern Iran, 1941-1979” (Syracuse University Press, 2009).
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